A medida que el cambio climático se acelera, uno de los desafíos más urgentes que enfrenta la acuicultura son las temperaturas del agua en aumento. La cría de peces, una industria que ya camina sobre un delicado equilibrio entre mantener la salud animal, optimizar el crecimiento y gestionar los impactos ambientales, enfrenta un estrés creciente a medida que los niveles de oxígeno en estanques, tanques y recintos costeros disminuyen. El agua más caliente retiene menos oxígeno disuelto, poniendo a los peces de cultivo en riesgo de un crecimiento más lento, mayor susceptibilidad a enfermedades y, en casos severos, masivas mortandades. Las tecnologías innovadoras, especialmente los sistemas de nanoburbujas, están surgiendo como una herramienta prometedora para contrarrestar este problema.